16 de octubre de 2011

BUROCRACIA NEPALI

Tras un día completo de agotadora visita turística, volvemos al hotel. Sólo nos queda preparar la mochila para salir al día siguiente hacia Dunche, e iniciar el trekking del Langtang. Habíamos dejado encargados a los del hotel, de nuestros billetes de bus, permisos del parque, etc. y, tan tranquilos nos habíamos ido todo el día. Cuando llegamos por la noche, por supuesto, no había nada hecho. Nos fuimos a una agencia para que nos lo gestionaran, pero no fue todo lo fluido que esperábamos.

Era bastante tarde, todo cerraba ya, y aquellos personajes hacían cuentas extrañas mientras se frotaban las manos. “Suma total: 12.000 rupias” Jorge y yo nos miramos entre sorprendidos e indignados, no nos salen esas cuentas por ningún lado. Entiendo perfectamente que tengan que sacar dinero de las tramitaciones, que las gestiones que hacen cuestan lo suyo, que viven de esto, lo entiendo todo. Pero aun así me entristece que me engañen. Me indigna que me intenten convencer de que un billete de autobús cuesta cuatro veces más de lo que realmente cuesta. Y que te lo discutan y pretendan hacerte creer que eres extraterrestre. Cuando ya nos superó la tomadura de pelo, decidimos retrasar un día más el trekking, que por otra parte nos iba bien dejar que el monzón se calmara, y adentrarnos al día siguiente en el mundo de la burocracia nepalí. Era un reto, estábamos muy motivados. ¿Lo conseguiremos?

Teníamos 3 gestiones que hacer: tarjeta TIMS, permiso de entrada en el Parque Nacional del Langtang, y billete de bus a Dunche.

Llegamos a las oficinas del Departamento de Parques Nacionales antes de que abrieran: la primera en la frente. Nos dicen que la oficina del parque del Langtang no abría ese día porque era festivo (sin embargo, otras oficinas de otros parques sí estaban abiertas ¿?). No problem, Nepal no problem. El permiso se puede sacar allí mismo en una garita, no hay que llevarlo desde Kathmandú. Bueno, lo siguiente era la tarjeta TIMS. Esta tarjeta es como un registro que lleva el Gobierno de Nepal de la gente que está haciendo trekking por allí. Hay dos tipos de tarjeta: la azul, que indica que la has sacado a través de agencia, y la verde que es la que te sacas por tu cuenta. Esta última era gratuita, hasta 2010. Por lo visto en 2010 han hecho muchos cambios con respecto a revisión de precios, y otros asuntos relacionados con el turismo trekkero. Actualmente, esta cartilla cuesta 20 dólares si la haces por tu cuenta, y creo que 30 por agencia. Rellenamos nuestro formulario, con las fotos de carnet que llevábamos y la fotocopia del pasaporte necesaria (estábamos orgullosos de nuestra previsión) y cuando se hacen las 10:00 a.m., nos acercamos al mostrador a hacer la gestión, pero allí no hay nadie, y las luces siguen apagadas. Nos dicen (tras llevar una hora allí) que esa oficina tampoco la abren hoy, pero que hay otra oficina, la oficina del TAAN que sí está abierta hoy, aunque el horario es un poco peculiar: sólo abre de 10 a 12!!! Pero qué horario de la muerte! Es como una broma. Formamos equipo para la gincana burocrática con una pareja anglo-hispana, y nos metemos en un taxi camino de la oficina, con muchas reservas en la cabeza. Descubrimos que el taxista no tiene ni idea de dónde está la oficina…y el tiempo corre. Pregunta a un policía por el TAAN, y el policía parece aún más perdido que el taxista. Les enseñamos el plano, pero nada. Seguimos circulando, cuando de repente señalo exaltada: “allí: TAAN” Bien, la oficina, por lo menos existe, pero…¿estará abierta?

Entramos en la oficina ABIERTA, y la pareja que venía con nosotros iba un paso por delante (que se giró en su contra). Ellos habían hecho (y pagado) la cartilla el día anterior en la otra oficina, pero les faltaba la fotocopia del pasaporte, y les tenían que poner el sello, sólo. Pues que no hubo forma. Que si la habían expedido en el otro sitio, el sello lo tenían que poner allí. El pobre chico daba explicaciones de lo ocurrido, indignado “OK, one more time” y volvía a repetir toda la historia. No hubo forma. Se supone que es un mismo organismo…

Nosotros, que no teníamos nada hecho, lo tuvimos más fácil. Entregamos los papeles, repetimos el formulario (el formulario de la otra oficina – exactamente idéntico – no valía.) Y por fin, la anhelada cartillita verde en nuestras manos…mi tesoro…

Y ahora, el billete de autobús. Llegamos a una estación y fuimos preguntando, pero nuestra taquilla estaba fuera de la estación, en un cruce de calles. ¿Habría plazas libres? Las había! No pudimos coger el autobús de las 7, así que nos dieron dos asientos para el de las 8:30. Nos quedamos mirando nuestro papelito rosa (que en realidad costaba una cuarta parte de lo que nos pretendían hacer creer) sorprendidos y satisfechos. Prueba superada. La siguiente aventura fue el mundo del autobús, y el viaje Dunche, en la siguiente entrada…

2 comentarios:

  1. Blanquita!
    Qué bien que cuentes nuestras andanzas en tu blog!
    Estaré pendiente de la próxima entrega...
    Muaax!
    Jorge

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  2. Hice el mismo treck el año pasado, una maravilla una vez que consigues llegar allí, pero los trámites y la carretera son una auténtica pesadilla, como bien explicas....

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