12 de julio de 2010

JUGANDO A CLARABIDES


Ayer, once de julio, día en que en España sólo cabía la final del Mundial de fútbol, a nosotros se nos ocurrió afrontar un reto muy exigente y ambicioso, y nuestra inocencia nos llevó a pensar que estaríamos pronto en el coche...
El sábado quedamos a las 9 de la noche en el aparcamiento de Estós, para subir al refugio y llegar directamente a dormir. Hicimos el recorrido muy ligeros, y enseguida nos plantamos en el refugio, no demasiado tarde. En la habitación hacía un calor sofocante ¿pero cómo puede hacer tanto calor? Pensé que no conseguiría dormir en toda la noche, y encima tenía los tapones en el coche (¿a quién se le ocurre ir a un refugio sin tapones?). A las 6 nos daban el desayuno, y al bajar a las taquillas, oí una voz familiar: ¿Elena? ¡Elenaaaa! Hala, qué fuerte! Justo ayer me encontré con mi compañera de piso de Valencia, que estaba en Zaragoza el fin de semana, y me contó que el año pasado se encontró a Elena en el Pirineo. Y mira por dónde, aquí está de nuevo! Qué ilusión!
Primera pantalla: el barranco. Salimos algo despistados del refugio, y nos toca volver un poco y coger ya el sendero bueno. Cogemos buena marcha, aunque por las mañanas siempre cuesta arrancar...El día es luminoso y despejado. Llegamos al ibón inferior de Gias en un momento, y luego al superior. Estamos animados, y nos fijamos en la cantidad de nieve que hay todavía. Este año ha sido excepcional. Pero para las salidas veraniegas, las nieves remanentes son un poco traicioneras, poco consistentes y huecas por abajo, con partes heladas...poco fiables.
Segunda pantalla, los tresmiles. Hacemos nuestro primer tresmil, el Gias, como si nada, y los Clarabides son un pequeño paseo. Nos hemos entretenido tanto que decidimos obviar los dos tresmiles de la parte francesa, para continuar por la cresta hacia las dos agujas previas al Gourgs Blancs. Al principio la cresta era todo diversión, trepando por roca buenísima, siguiendo mojones....pero las nubes acechaban, y el horario también.
Tercera pantalla: embarcada. Llegamos a un destrepe muy cerca ya de la cima del Gourgs Blancs, y al vernos ya algo cansados (agotados decían algunos) enfrié mi cabeza sedienta de monte y pensé. Pensé en lo que cuesta bajar de los sitios cuando estás cansado, cuando no hay ruta clara de bajada, y cuando la tormenta se acerca. Nos damos la vuelta. La bajada fue algo penosa, buscábamos unos mojones que aparecían de vez en cuando, pero que en vez de llevarnos hacia abajo, nos llevaban inevitablemente al oeste. Fuimos retrocediendo poco a poco, ahora destrepando, ahora cogiendo un poco de hierba...(Cuarta pantalla: la nieve) hasta llegar a una pala de nieve, que nos dejaría junto al sendero de bajada. Crampones y piolet (hasta en verano hay que ir equipado) y para abajo. La nieve carecía de consistencia, y los crampones no llegaban a clavarse. Bajábamos en media ladera, y de repente Nacho resbaló y cayó pocos metros, pero puso en práctica impecablemente la autodetención: y funcionó! Rut y yo nos quedamos quietas. Pensé que bajar de espaldas a la pendiente sería más seguro, y Rut bajaría más tranquila. Así, tras otro resbalón mío, fui trazando una escalera y los tres bajamos sin problemas hasta el sendero ya conocido.
Siguiente pantalla: la tormenta. Cogimos el sendero ya con prisas, que no llegábamos al partido! Y no paraba de tronar. Calculé que a las siete y media, trece horas después de salir del refugio, llegaríamos al coche. Truenos y más truenos, oscuridad en el valle...y llegó. Empezó a llover tímidamente, para luego coger fuerza, y caer, y caer...luego se animó a granizar, y luego a llover otra vez, luego a granizar...y por fin, a veinte minutos del coche, paró. A las ocho menos diez llegábamos a nuestros cochecitos, allí quietos, esperando. Game over.
Fue un día muy completo, aunque a mi me daba mucha pena haber embarcado a mis hermanos en semejante odisea. Pero así es la montaña, si siempre fueran risas y sol, y si todo saliera siempre bien, pues la montaña no sería montaña. De ayer salieron dos montañeros con un punto más de experiencia: en nieve, en trepadas y destrepes. En días como ayer se aprende, y se supera uno. Casi no paramos a comer, y nos bebimos tres litros de agua por persona. Una actividad de más de trece horas sin parar apenas, en la que no hubo dudas ni discusiones, en la que las decisiones se acataban sin más, no se discutían. Fuimos un grupo compacto, una piña auténtica de principio a fin. Y eso es lo que cuenta. Los seis tresmiles fueron, con mucho, lo de menos.
Llegué a casa con ganas de abrazos, de cena tranquila y pensativa. Pero a España le dio por ganar el mundial y al contagiarme un poco de la ilusión colectiva, ya no me hizo falta pensar. Ponga un poco de fútbol en su vida y deje de pensar!

28 de junio de 2010

ROCA Y MAR

Moratones en manos y rodillas, un antebrazo hinchado, la espalda quemada la cara sonriente. Ese ha sido el resultado del fin de semana. Hoy lunes no he sido capaz de levantarme al oír el despertador a las 6...he dormido un poquito más, recordando estos días levantinos.

Noches de vino y risas, de proyectos, de recuerdos, de historia, de preguntas, de respuestas...de acercarnos poco a poco y darnos cuenta de que la montaña deja posos, estrecha lazos...
Mañanas al sol, como lagartijas, quemándonos la espalda y esforzándonos en las paredes, con una Sara imparable, que se lo subía todo como una auténtica salamandra. Los demás seguíamos sus pasos, torpes y sin mucha confianza, haciendo movimientos olvidados, y teniendo sensaciones guardadas por mucho tiempo. Demasiado.
La escalada es la novia celosa y rencorosa. No da tregua: o la mimas o te las hace pasar canutas. No perdona el olvido, no sabe de dulzuras. “Si te vas, no vuelvas” te dice. “Y si quieres volver...esto no está tal y como lo dejaste...”
Atardecer mediterráneo, de brisa húmeda y playa tranquila, de mar calmado y arena fresca...no hay prisa. Jugando en la playa, toda la arena está dispersa, no queda ninguna en los relojes...
Y el fin de semana se nos agota en el Delta del Ebro, con un horizonte lleno de vacaciones, de amigos, de viajes...un horizonte donde podemos dibujar de todo. Vuelta al mar después de tanto, tanto tiempo....vuelta a los orígenes, a la niñez. Cuánto te he echado de menos, justo ahora me doy cuenta...ahora me doy cuenta de todo, mirando el mar y la arena.
Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.
J.M.Serrat

15 de junio de 2010

VOLVEMOS A ESQUIAR?

Todos nos resistimos a despedirnos de ella. Se revuelve en sus últimos coletazos, alimentando fugazmente nuestra esperanza de poder esquiar un día más, pero debemos asumirlo: la nieve termina esta temporada, ya toca escalar!
Una temporada más de foqueos, de cimas inolvidables, de sueños cumplidos y miles de proyectos imaginados...y lo más importante: de nuevos amigos! Empezó la cosa discreta en el Portalet, ya en diciembre, con cierta inseguridad y poca costumbre, luego los paisajes navideños, los fríos polares, más fríos polares...como si fuera invierno vaya...Vuelta a algunos picos, pero nunca a hacer lo mismo, porque cada día es diferente, cada día lo sientes diferente. Y subo en altura, pero pasan los meses y bajo en moral, bajo y bajo, y aún bajo un poco más. Malos momentos en que la montaña es el único consuelo, es lo único que no desanima, lo único que mantiene semisólido mi ser, que parecía licuado y amorfo...Poco a poco el sentir del ave fénix vuelve para la reconstrucción, y la volatilidad de mis cenizas deja paso a unos pies, unas piernas, un cuerpo...vuelvo, vuelvo a tener ganas de todo!
Los sustos y disgustos nos dejaron huellas, nos sumieron en pensamientos quedos, sordos, en una dimensión mucho más allá de la tercera, y de la cuarta, de este tiempo que tenemos por nuestro y que apenas nos pertenece el que ya ha pasado. Guardamos la preciosa sonrisa de nuestra amiga en un bolsillito muy pegado al pecho, para llevarla siempre cerca.
Las borrascas nos vuelven a utilizar de marionetas, y me dejan colgada en Zaragoza con mis vacaciones sin poder aprovechar al máximo, mientras pienso que otros marchan a Los Alpes con las suyas...pero a mi de cuatro ojos me dejan dos. Aun así los días que sí pude aprovechar, me dejaron tan buen sabor de boca que me hicieron la resignación más dulce...con recuerdos de un Mallarruego inesperado, de un Ruabe del Bozo atrincherado, de un Pico de Entre Puertos llenos de aprendizaje...qué días!
Y como guinda del pastel, La Ruta, la magnífica ruta al Aneto por Cregüeña y Estasen, que me hace suspirar al recordarla, y que me dejó tan satisfecha, que no puedo pedir más, sería injusto pedir más a una temporada tan generosa...
Dejad paso a la roca, que tiene ganas de secarse y recibirnos, por fin, tras una larga espera...cierro el armario con las botas y esquís dentro, y en la mochila ya el arnés y los gatos...hay que adaptarse! Flexibilidad, no es así?
Y colorín colorado, las nieves han terminado...(aunque llevamos una semanita que vamos, parece que vayamos a empezar la temporada en breve…)

6 de junio de 2010

SOLOS EN EL ANETO!

El fin de semana se presentaba de verano, de escalada, y de domingo de Aneto. Llega la Meteo y nos anuncia lluvias para el domingo. Nooooooo! Pues nos vamos el sábado! Quién puede? Afonso, Fer y yo. Deshago mis planes de escalada y el viernes salimos hacia Benasque. Hay que coger arnés…esto se pone interesante: cresta, cresta! Llamo a Marie Claude y en cuanto pronuncio la palabra cresta, se apunta, no necesito contarle más. Alfonso se ha encargado de las reservas y Fer de la logística. ¿De qué me puedo encargar yo? Pues del avituallamiento! El viaje es una gozada, y tengo la oportunidad de conocer un poquito más a esas dos grandes personas que son Alfonso y Fer, me recuerdan a las cajitas que guardan miles de cosas, y en cuanto las abres empiezas a sacar pequeñas cosas, que aportan tanto. Están llenos de recuerdos, de proyectos, de vivencias, están llenos de vida, y eso se contagia (gracias!). El viaje se me hace cortísimo hablando del trabajo, de las condiciones laborales, de la paternidad, de la ruta de mañana, de…mira, ese es Jorge, no? Y yo pensando que no podía ser. Aparcado en Benasque, frente a nosotros, un Meriva como el de la Meteo que viene. Fer le echa un grito y se gira. Que sí, que sí que es! Vaya sorpresa! Mañana celebran el 90º cumpleaños de su abuela, y tiene que estar en Zaragoza a comer, pero foqueará con nosotros hasta las 10. Vaya tela!! Llamamos a Marie Claude para decirle que les esperamos en algún sitio, y de repente, de fondo, oigo una voz grave, muy característica. Grito: Champi! Está ahí Champi! Me dicen que es un sorpresa, pero les advierto que con los gritos que he pegado ya se han enterado todos…qué discreta soy a veces.
En la cena estamos todos ya, los 6 finalmente, pero tenemos que interrumpir la sobremesa porque llegamos tarde a la Escuela de montaña, y en 6 horas nos tenemos que levantar.
Me pongo los tapones y duermo las pocas horas que tenemos. Me levanto como un resorte: qué ganas! Como siempre, pienso que me dejo algo, luego descubriré que es el frontal que no hemos necesitado. Decidimos cambio de planes, y ya que somos 6 y sólo llevamos una cuerda, dejamos la cresta como tarea pendiente, cambiamos los planes. Hala, hacia la Renclusa (cuánto se tarda a la Renclusa Donato?) Echo de menos a los que faltan, o más que echarles de menos, pienso en cuánto estarían disfrutando hoy, y me da pena que no estén…
Llegamos más arriba de la Renclusa, y decidimos cambiar el plan de nuevo, para acometer una preciosa ruta que había propuesto Jorge: el Aneto subiendo por el collado del Alba, bajando al ibón de Cregüeña, subir al collado de Cregüeña, bajar al ibón del Medio, y subir el Aneto por Estasen y bajae por el paso de Mahoma…es una ruta con mucho desnivel (2000m), larga y dura. Pero tenemos decisión y motivación. Marie Claude nunca ha subido el Aneto, y vaya forma de subirlo! Estamos solos todo el día, la romería al Aneto nos queda muy lejos, muy ajena…Allí estamos Fer, Alfonso, Marie Claude, Julián, Iñigo y yo. El corredorcito al cuello del Alba está muy bien, y la primera bajada dura y rápida, y una caída rápida tuve yo también, que no pasó de un culazo y volverme a poner en pie. Jorge y Champi nos saludan desde lo alto, haciendo ya un tresmil de buena mañana. Vamos avanzando en grupo, juntitos, emocionados todos por esta ruta de ensueño, un regalazo de los genios pirineícolas Jorge y Julio. A medida que avanza el día nos va gustando más y más esta ruta, este día, y esta compañía. Viene con nosotros también Iñigo, un vizcaíno que agarró la oportunidad de la ruta al vuelo, y nos resultó una agradable compañía. En el collado de Cregüeña saco las pechugas empanadas, que nos entran de bien…Nos queda bajar e ir por el Estasen. Fer nos abre huella todo el día, y yo, en la base del corredor, me noto cansada, y pienso en cómo puede Fer, ir abriendo huella y seguir ahí, tan campante, hoy que el desnivel se sale de nuestras habituales salidas, hoy que las focas pesan a horrores, hoy que la nieve tiene tan poca cohesión que resbalas constantemente, hoy que el Estasen tiene todavía bastante nieve acumulada, y que a las horas a las que llegamos, ya no está dura.
Hacemos un esfuerzo generoso, conociendo el último tramo de la ruta, y sabiendo que estamos ya muy cerca, que sólo queda lo mejor (lo mejor? Lo mejor ha sido todo!) Salimos del Estasen y les digo, “hala, ya nos han dado el regalo (vemos la cruz del Aneto a tiro de piedra) pero lo tenemos entre las manos sin abrir, con los ojos regados de ilusión. En la cima lo abrimos!”
Llegamos a una cima poco común: el Aneto sin gente!!! Esto si es un regalo sorpresa! Estamos solos en la cima del Aneto, en el Paso de Mahoma, y en la bajada, prácticamente al completo. Ha sido una salida triunfal, exigente, dura, pero la recompensa es tan grata, y nos la llevamos por tanto tiempo…


Muchas gracias chicos, ha sido un auténtico placer! La tenemos que repetir (cuando nos recuperemos….)!!!!! Para entonces, hay que aprenderse el refranero de la excursión:

“A poquet a poquet, farem caminet”
« Som-hi, que esfa tard i vol ploure »

12 de mayo de 2010

EL ENCUENTRO: 6:50 EN SANSANET

Este fin de semana…ah no, que estoy de vacaciones! Han sido lunes y martes…

Empecemos por el lunes entonces…

Nos pegamos madrugón desde Zaragoza, despertador a las 4…vamos a juntarnos participantes de varios blogs: Cordée 64 , Sendero Límite y La Meteo que viene, todos dispuestos a aprender, y sobre todo a pasarlo bien en la nieve. No dejamos que la meteo cobrara protagonismo, y preferimos disfrutar de la compañía, y aprender miles de cosas, que desanimarnos por la ausencia de sol. Salimos desde Sansanet, todos observando en secreto la interacción entre Julio y Jorge, ellos encantados de conocerse, como si hubieran sido ya amigos en otra vida…qué gusto da veros! Champi se lo pasa en grande, siendo testigo de este encuentro entre personalidades del esquí de travesía aragonés.

El tiempo no mejora, pero nuestro grupo pasa de eslabones sueltos a cadena, a piña. Sin darnos cuenta avanzamos, hasta llegar a una pala de pendiente considerable. Comentamos la jugada y la vemos clara de crampones. Los expertos Julio y Carlos, echan para delante sin pensarlo. “Esto dejárnoslo a nosotros”. Abren una huella en una pala muy MUY pina, una huella que parece una trinchera, que las inexpertas como yo, no hubiéramos ni imaginado transitar. Pero lo que habéis abierto aquí es una zanja!!!!! Gracias a ellos llegamos todos al collado con los esquís puestos (todavía no me lo creo…) y vamos al pico Rueba del Bozo, con un viento horrible y muy poca visibilidad. Subiendo por esa pala, me preguntaba cómo la íbamos a bajar, y me inquietaba la idea de volver por allí…pero es que ir con Julio y Budri es como ponerte las gafas por la mañana, que lo ves todo borroso y de repente aparece la nitidez; nos da consejos claros, precisos, exactos. Ninguna acción es al azar, se anticipan a todo lo que va a llegar, y hacen fácil lo que veías imposible en tu cabeza de principiante…y así pasamos el día entre nubes, entre maestros. Llegamos a una pala convexa, y Julio y Budri nos avisan de que ahí se corta el alud. Va Budri a cortarlo, para que podamos pasar el resto sin peligro. Yo me asusto un poco, viendo cómo baja el alud lentamente, y bajo, y lo cruzo, y veo que no ocurre nada, Éstos saben lo que se hacen. Eran pequeñas coladas, pero las sensaciones son buenas, y ya somos Homo aludens! Al llegar al coche la tertulia se alarga…

No termina ahí la cosa, porque Champi y Marie Claude nos ofrecen por enésima vez su casa, nos alojan y nos cuidan, nos dan de cenar y desayunar, y nos regalan siempre unas sobremesas enriquecedoras. Nosotros les dejamos la mesa del desayuno sin recoger, ellos dejan un poso cálido en nuestros pensamientos, y el martes habitan constantemente nuestras nostalgias. “Champi estará pensando en nosotros”, pensaba yo…y es que salimos de Bujaruelo a las 7:15 en busca de unos Gabietos que no hemos encontrado ya en dos ocasiones, con un sol radiante y ni una nube alrededor. Porteo agradable y fresco, al coger nieve e inclinarse las pendientes, Budri y Julio ya nos dicen que crampones, y Sara y yo, obedientes, nos los calzamos a la primera oportunidad. Después tengo clases particulares de superalza por máxima pendiente (“eso que nunca se usa, pero yo, todos los días” J. Benedé). Me gusta…voy cómoda, me siento una esponja con sed de aprender. Salimos del barranco para cruzar a la pala que nos llevará al collado de la Forqueta. Julio ya sabe dónde nos vamos a quedar, pero quiere que veamos nosotros mismos dónde está la raya, la nuestra. Budri dibuja una huella en la nieve recién caída, inventa lo fácil y lógico, y los demás le seguimos con admiración. Qué casualidad que donde hay que dar una vuelta maría delicada, encima hay una roca donde agarrarse, y tras enseñarnos las técnicas del canario y la barandilla, podemos superar esta zeta tranquilamente (y seguros por la trinchera que se han currado, claro). Llegamos al collado, y Julio sonríe, sabiendo exactamente, el punto donde habrá que dar media vuelta, pero no lo dice, nos hace llegar hasta el mismo punto, verlo, y ahora sí, volver.

“No me jodas que yo de aquí no me voy sin hacer un pico”: empieza Sendero Límite, fin de la Meteo que viene…

Vamos hacia el pico del Puerto, yo pregunto si vamos por esas antenas, señalando unas torres eléctricas, y sabiendo que busco una palabra diferente de la que sale por mi boca. Julio y Budri me dan agua en varias ocasiones, Jorge también, y es que “hay que hidratarse, pero no llevar agua” (ni echarle morro como yo, que por no llevar no llevaba ni botella!!!). Aumenta la nubosidad, el viento se acelera. Por un terreno mixto nos quitamos los esquís, y ya donde suaviza la pendiente, veo a Julio calzarse esquís, pero me dice que siga por donde voy: está preparando la huella para la bajada, que previsión!!! El mal tiempo nos viene persiguiendo, pero la línea no está ahí, y podemos hacer cima, y podemos bajar con visibilidad aceptable. La Meteo que viene: 0, Sendero Límite: 1. Bajamos sin prisa, y en la pradera hacemos una “escampá” y merendola, y nos enseñamos la cacharrería de nuestras mochilas…cuánto por aprender.

Hemos hecho un desnivel de 1.800 m y no nos hemos dado ni cuenta!

En Bujaruelo hacemos sobremesa y tertulia, nadie tiene prisa, no nos queremos separar…pero ya hacemos planes para los próximos días…las vacaciones continúan!

Y como resumen de todo esto, agradecimientos mayúsculos a todos: a Jorge por organizar, a Champi y Marie Claude por estar y por acoger, a Julio y a Budri por las huellas imposibles, las lecciones, los consejos…no aprendemos a esquiar, aprendemos a ser, y a estar. Moltes gràcies xiquets!!!!!!! Todavía es miércoles, pero ya siento que las vacaciones han valido la pena…

9 de mayo de 2010

EL CLAVO: MALLARUEGO

En el trayecto no se habla de otra cosa: Alpes. Un viaje con el que he soñado tanto, tantísimo, que no me acostumbro a aceptar que no voy, a resignarme. Ayer empezaron las vacaciones destinadas a ese viaje. Sin embargo, el Pirineo, que aunque se enfade conmigo por la desilusión que nos supone ambos, va a ser el clavo que saque al otro clavo. Y de momento, las vacaciones, ya han merecido la pena, y eso que acaban de empezar!!!!

Viernes por la noche cena en “Can Champi” en Biescas (Mil gracias, Champi!!!). La conversación animada fluye con la ayuda de la cena que teníamos ya preparada, y el vino con el que la acompañamos. Nos miramos, hablamos, y escuchamos curiosos, las historias de un pueblo que, por pequeño que sea, tiene mucho que decir…tengo falta de sueño, pero se está tan bien entre amigos…Edesio, que viene de Madrid, nos mira con ilusión, y nos dice que el viaje ya ha valido la pena, pase lo que pase al día siguiente. Afuera llueve, pero a nadie le preocupa.

Madrugamos con la ilusión de un día de monte, aunque a alguno le cuesta un poco ponerse en marcha. El desayuno que Champi prepara nos despeja a todos, y se nos ocurre asomarnos por la ventana para ver qué día hace…pero si está nublado!!! Un poco desconfiados, miramos de reojo a Jorge, pero salimos con decisión a la pista de la Ripera. La pista está en muy mal estado, y al Meriva le entra miedo. Llueve. Llegados al punto de inicio dudamos un instante, pero la fe ciega de Edesio en las previsiones de Jorge, la ilusión infinita del propio Jorge, y las ganas de monte del resto, nos hacen ponernos botas y mochila y empezar el porteo bajo un cielo amenazante, cargado de humedad. Vamos de paseo, animados, hablando, mirando constantemente al cielo que no mejora de aspecto, y metiéndonos con el pobre Jorge que nos había anunciado un día despejado. Pero, qué más nos da! Vamos muy a gusto, tanto, que convencemos al mismo cielo y nos regala un buen rato de sol. Adiós prendas de abrigo, nos ponemos gafas de sol, crema…y seguimos. Mucha cera en las pieles de foca, que amenazan con llevarse quilos de nieve puesta.

El paisaje es impresionante, estamos solos, el único indicio de presencia son huellas de dos personas y un perro. Nieve recién caída del día anterior. Todos somos conscientes de que no podemos pedir más. Ya es mucho más de lo que habíamos esperado. Y estamos tan sorprendidos de la mejoría del día que apenas son darnos cuenta, tenemos el Mallaruego enfrente. Ay, qué bonito es! ¿Por dónde vamos? Comentamos la jugada unos minutos, y decidimos acceder por una arista que nos llama, esbelta, blanquita…vamos vamos! Y el día despeja, y una ventana de buen tiempo nos acompaña.

Champi abre la huella de las mil zetas, por una nieve que no se tenía, recién caída y suelta. Voy detrás de Edesio que no deja de sonreír, y a Álex se le ve de paseo, de sobrado que va (tenemos un Madelman en el grupo…). Jorge tan pronto está allá lejos haciendo fotos del dibujo anguloso que traza Champi en la nieve, como está a pocos metros pidiendo que sonría para la foto…Y así llegamos a la arista, donde ponemos crampones y accedemos a cima. SOMMET!!!!

La bajada fácil por una nieve increíble, virgen, en el mes de mayo…todo un regalo de día, si no fuera porque a Álex se le cayó el piolet en algún punto de la bajada, creemos que en una de las primeras palas, así que si da la casualidad de que alguien va a perderse por los alrededores del Mallaruego, lee esto (que ya sería mucha casualidad) y se lo encuentra, pues por favor que nos diga algo, que ese piolet tiene tiene un valor no material muy alto para su dueño…

LO MALO ES QUE HAY MUCHOS PARAÍSOS PERDIDOS Y MUCHO DONDE ESCOGER. MI PARAÍSO, POR AHORA, ES EL CAMINO (Javier Reverte)

19 de abril de 2010

EL PESO: TEBARRAY Y FRONDIELLAS

Estamos de preparación para los Alpes, y este fin de semana, con una ruta de dos días, y bastante desnivel, sólo nos quedaba una cosa que probar: el peso.
El viernes, en casa, anduve cargando la mochila con cosas que llevaré a Alpes, sólo lo imprescindible…pero cómo pesa esto! Si es que no me puedo ni mover, pero es que la mochila, vacía, ya pesa. Los crampones, que pesan y ocupan un montón, pieles de repuesto, el plumas, el pantalón de gore tex (vaya lastre es esto…), el chubasquero, la pala, la sonda, el piolet, la sábana saco…buf! Es que nada de mi equipo es “ligero” como se lleva a hora, todo pesa, todo es consistente…pero es que no me puedo dejar nada de lo que llevo! El litro y medio de agua imprescindible, la crema del sol no me la puedo dejar, guantes de repuesto, gafas de ventisca, CASCO,…en fin, no hay nada que dejar. Pero pesa, y mucho.

Con este mochilón salimos del Balneario de Panticosa el sábado (tras degustar el bizcocho de chocolate, de cumpleaños de Edesio: Felicidades!), hacia el collado de Pondiellos. Yo que me sentía ágil y fuerte en estas últimas salidas y ahora me siento torpe, cansada, lastrada y acalorada…sudo. Yo sudando! Madre mía…esto es un horror! Con lo bien que se va con la mochila de día! Bajamos a los ibones de Pondiellos, y de allí subimos hacia el collado de Tebarray. No sabíamos quién se iba a decidir por ir directamente al collado, o hacer el pico. Al final, poco a poco fuimos todos al pico de Tebarray, algunos muy lentos, otros como si no llevaran peso (tendremos que lastraros en los Alpes…) En el pico se está de lujo, las vistas son increíbles, y ya nos sentimos cerca del refugio de Respomuso. Todos estamos cansados por esa mochila que nos roba la energía y el calor que fomenta también el cansancio. Yo me planteo cómo voy a andar por los Alpes con semejante carga durante cinco días…me hago diminuta en mis pensamientos, me siento frágil y torpe, pero de repente me pongo las pilas frente a la pala del collado de Tebarray. Mientras baja Jorge una pequeña colada le alcanza, y desaparecen su cámara y un bastón. Con la llegada de Álex lo recuperan todo, y vamos bajando uno a uno. Al final, con el buen estado de la nieve, resulta fácil bajar por allí, más de lo esperado. Y seguimos bajando, y sigue haciendo cada vez más calor…Estamos enfrente del refugio de Respomuso, pero nos toca poner focas y subir por una nieve pastosa, cansados y deseando llegar. Tras la primera cerveza ya nadie se acuerda del cansancio, ni del peso, ni del calor. Ursi nos cuenta sus historietas, y nos confirma que, pese a lo que puedan decir las previsiones del tiempo, el domingo allí va a hacer bueno. Hemos llamado a Fer y nos ha dicho que empeoraba el tiempo ya el sábado al mediodía, que no habría rehielo esa noche (lo peor que nos podía pasar…) y que el domingo sería mediocre. Yo prefiero no pensar en el día siguiente, y disfruto del sol de la tarde en el porche del refugio. Un ratín antes de la cena vemos a dos esquiadores llegar desde la Sarra: Champi y Marie Claude!!!!! Llegáis justo para la cena!
La cena y la noche en la habitación son un cachondeo auténtico, y Champi nos ofrece sus ideas para reducir peso en los Alpes, y nos da buenos consejos. Nos dormimos con la sonrisa puesta y nos levantamos con legañas y ganas de dormir más, pero pronto nos activamos. Hace bueno, buenísimo, ha habido rehielo, la nieve está dura como una piedra…esto se anima! La Alta Ruta prospera! Venga, pues, a por las Frondiellas…en el primer repecho a Edesio se le sale un esquí y ni la foca, ni el freno, ni la cuchilla consiguen pararlo antes de que llegue al fondo del barranco. Empieza a bajar y Jorge, que iba sin cuchillas, de lanza a buscarlo. El resto vamos avanzando porque hace un poco de frío. Javier Fuentes nos hace una huella perfecta, cómoda…qué bien. La cima de las Frondiellas es un regalo. Vemos vascos en el Balaitous, pues ya han madrugado! Porque nosotros hemos salido del refugio a las 7, y ellos ya habían llegado para cuando nosotros salíamos al collado. Dónde habrán dormido? Por dónde habrán subido?
La bajada se hace cómoda, y vemos como se acercan las nubes desde el Sur. Las vistas hacia la Gran Diagonal son espectaculares. Toda la travesía hasta la furgo de Champi, en Caillou de Soques, se hace agradable, y yo me noto más descansada cada momento, en vez de cansarme más, estoy mejor (qué me está pasando? Será la emoción?). Empieza a nevar y nos da igual a todos, seguimos sonriendo, y llegando al último collado ya todos vamos charrando, Edesio se pica y acelera, y yo tiro detrás: apuremos las fueras que nos quedan, que el coche está a tiro de piedra. Apuramos las fuerzas, el agua y la comida que nos queda. Una vez en el coche se nos ve a todos satisfechos. Como diría Donato: la rata ya está en la lata!

Esta ruta que esperábamos tener que abandonar a mitad, que yo ni esperaba empezar, ya ha sido. Nos deja un sabor de boca mucho mejor que el de la quiche que estaba en mi coche desde el viernes. Y lo que más adentro queda, son esos ratos de refugio, de contar y escuchar, de aprender, de reír; esos ratos…
Muchas gracias a todos; por todos y cada uno de los detalles que tenéis, que aligeran el peso de la mochila, y tiran de las comisuras hacia las orejas.

Que descanséis!