Entre mis manos sostenía un casco, con la parte interior rota, abolladuras en la carcasa y varias rajas. Su propietaria viajaba en helicóptero hacia el hospital de Huesca. Aún no podíamos creer lo que había ocurrido. Ella está bien, un viaje de casi cuatrocientos metros ladera abajo por nieve y piedra, a toda velocidad y no le ha pasado nada de nada, ni un dedo se ha roto. De qué estás hecha, Isabel?
Ese día nos levantamos a las 5. Llevábamos, por lo menos Marie Claude y yo, pensando en ese pico que se nos había escapado tan sólo 6 días antes, toda la semana, esperando. Llegaba el sábado y por fin nos íbamos a desquitar.
El viernes por la noche hablamos del famoso ARVA, de la seguridad, del casco. Les contaba que tengo un amigo que se ríe de que esquiemos con casco, del ARVA, de toda esa seguridad en la que confiamos. Dudo que se lea esto, y no sé, en caso de que lo haga, si cambiará de opinión…
El caso es que salimos cinco amigos hacia la Suelza, subimos tranquilamente por las laderas suaves, desde la vertiente de Gistaín. En el flanqueo expuesto sacamos crampones y piolet, pusimos casco, y pasamos sin problema. Hicimos cima sin cansarnos, como si nada, fotos en la cumbre, un bocado corto, ji ji jaja…Hala, a esquiar! Que nos espera la comida en Plan! Bajamos el primer tramo, duro, con unos giros fáciles, y luego venía el flanqueo, fácil pero expuesto, que habíamos subido con crampones. Es de esos sitios donde no puedes fallar, y donde es difícil hacerlo, pero una piedra o un desequilibrio son errores fatales. Pasó Edesio, pasamos Marie Claude y yo, concentradas pero seguras, y de repente oí gritar su nombre. Me giré pero no vi nada, a ella tampoco. Iba la última. La pala entera, rocosa, de arriba abajo, el único punto débil de la ruta. Paró varios cientos de metros más abajo. En el rato que yo sacaba el móvil para llamar al 112, Edesio ya estaba con ella abajo, fue veloz, directo, se lanzó como un jabato por un terreno que requería la destreza de un experto.
Hable con una mujer, que me preguntaba si la Suelza era una estación de esquí. Luego me pasaron con la Guardia Civil. Primera pregunta “Tiene usted cobertura y batería en el móvil?” Comprobé que el punto donde estaba era el único con cobertura, que me movía un poco y se perdía, andaba dos pasos y se iba. Inmediatamente después de contar lo ocurrido, segunda pregunta “Llevaba casco?” Dos de nosotros estuvieron con ella todo el rato, abrigándola y haciéndole compañía, tranquilizándola. Marie Claude me contaba lo que veía, y yo llamaba y recibía llamadas. La médico de rescate, Sara, es amiga nuestra, y cuando oyó lo de la Suelza ató cabos enseguida y me llamó. Yo poco les podía decir de la accidentada, ya que ni siquiera la veía, pero sabía el sitio exacto donde estaba. Era todo lo que podía hacer, dar indicaciones y describir lo ocurrido. La primera reacción de todos fue bajar, pero yo me paré en seco a echar mano al teléfono. Abajo no había cobertura, nos hubiera tocado volver a subir para llamar. Además yo hubiera tardado bastante en llagar abajo. Y Marie Claude paró antes de bajar, viendo que cuatro personas abajo no íbamos a solucionar más que las dos que ya estaban. Llegó el helicóptero, bajó Sara y se estuvo un buen rato con ella, antes de subirla de nuevo. Marie Calude y yo no teníamos ni idea de cómo estaba. Cuando se la llevaron, lo dos de abajo subieron por otra ladera más suave hasta encontrarse con nosotras en el collado. Allí, contándonos como habían vivido desde abajo la espera, nos emocionamos todos, y soltamos la tensión contraída. Nos contaron que estuvo consciente en todo momento, que movía piernas y brazos, que hablaba bien y no decía nada raro…qué bien sonaba todo aquello…me sonaba a milagro, a triunfo, a mujer de acero, de qué si no? Allí sostuve su casco en mis manos. Desde entonces el casco lleva el adjetivo de “bendito”. Yo lo veo con otros ojos. Ya no me da calor, ya no me importa lo que ocupa en la mochila, o el ruido que hace cuando lo llevo fuera de de ella, ya me da igual pararme un momento a ponérmelo cuando hay algo de exposición…el casco…bendito casco!
Todo quedó en un susto, en una gran lección. No dejamos de sacar conclusiones de todo esto, lo malo es que lo tienes que ver tan cerca para sacarlas.
Mejórate, guapísima, seguro que el 10 de abril será un cumpleaños para ti.
Y muchas gracias al equipo de rescate, empezando por Sara, a la que por suerte tengo tan a mano que he podido darle las gracias ya hoy, pero desde luego, habría que repoblar el mundo con gente como vosotros!
Ese día nos levantamos a las 5. Llevábamos, por lo menos Marie Claude y yo, pensando en ese pico que se nos había escapado tan sólo 6 días antes, toda la semana, esperando. Llegaba el sábado y por fin nos íbamos a desquitar.
El viernes por la noche hablamos del famoso ARVA, de la seguridad, del casco. Les contaba que tengo un amigo que se ríe de que esquiemos con casco, del ARVA, de toda esa seguridad en la que confiamos. Dudo que se lea esto, y no sé, en caso de que lo haga, si cambiará de opinión…
El caso es que salimos cinco amigos hacia la Suelza, subimos tranquilamente por las laderas suaves, desde la vertiente de Gistaín. En el flanqueo expuesto sacamos crampones y piolet, pusimos casco, y pasamos sin problema. Hicimos cima sin cansarnos, como si nada, fotos en la cumbre, un bocado corto, ji ji jaja…Hala, a esquiar! Que nos espera la comida en Plan! Bajamos el primer tramo, duro, con unos giros fáciles, y luego venía el flanqueo, fácil pero expuesto, que habíamos subido con crampones. Es de esos sitios donde no puedes fallar, y donde es difícil hacerlo, pero una piedra o un desequilibrio son errores fatales. Pasó Edesio, pasamos Marie Claude y yo, concentradas pero seguras, y de repente oí gritar su nombre. Me giré pero no vi nada, a ella tampoco. Iba la última. La pala entera, rocosa, de arriba abajo, el único punto débil de la ruta. Paró varios cientos de metros más abajo. En el rato que yo sacaba el móvil para llamar al 112, Edesio ya estaba con ella abajo, fue veloz, directo, se lanzó como un jabato por un terreno que requería la destreza de un experto.
Hable con una mujer, que me preguntaba si la Suelza era una estación de esquí. Luego me pasaron con la Guardia Civil. Primera pregunta “Tiene usted cobertura y batería en el móvil?” Comprobé que el punto donde estaba era el único con cobertura, que me movía un poco y se perdía, andaba dos pasos y se iba. Inmediatamente después de contar lo ocurrido, segunda pregunta “Llevaba casco?” Dos de nosotros estuvieron con ella todo el rato, abrigándola y haciéndole compañía, tranquilizándola. Marie Claude me contaba lo que veía, y yo llamaba y recibía llamadas. La médico de rescate, Sara, es amiga nuestra, y cuando oyó lo de la Suelza ató cabos enseguida y me llamó. Yo poco les podía decir de la accidentada, ya que ni siquiera la veía, pero sabía el sitio exacto donde estaba. Era todo lo que podía hacer, dar indicaciones y describir lo ocurrido. La primera reacción de todos fue bajar, pero yo me paré en seco a echar mano al teléfono. Abajo no había cobertura, nos hubiera tocado volver a subir para llamar. Además yo hubiera tardado bastante en llagar abajo. Y Marie Claude paró antes de bajar, viendo que cuatro personas abajo no íbamos a solucionar más que las dos que ya estaban. Llegó el helicóptero, bajó Sara y se estuvo un buen rato con ella, antes de subirla de nuevo. Marie Calude y yo no teníamos ni idea de cómo estaba. Cuando se la llevaron, lo dos de abajo subieron por otra ladera más suave hasta encontrarse con nosotras en el collado. Allí, contándonos como habían vivido desde abajo la espera, nos emocionamos todos, y soltamos la tensión contraída. Nos contaron que estuvo consciente en todo momento, que movía piernas y brazos, que hablaba bien y no decía nada raro…qué bien sonaba todo aquello…me sonaba a milagro, a triunfo, a mujer de acero, de qué si no? Allí sostuve su casco en mis manos. Desde entonces el casco lleva el adjetivo de “bendito”. Yo lo veo con otros ojos. Ya no me da calor, ya no me importa lo que ocupa en la mochila, o el ruido que hace cuando lo llevo fuera de de ella, ya me da igual pararme un momento a ponérmelo cuando hay algo de exposición…el casco…bendito casco!
Todo quedó en un susto, en una gran lección. No dejamos de sacar conclusiones de todo esto, lo malo es que lo tienes que ver tan cerca para sacarlas.
Mejórate, guapísima, seguro que el 10 de abril será un cumpleaños para ti.
Y muchas gracias al equipo de rescate, empezando por Sara, a la que por suerte tengo tan a mano que he podido darle las gracias ya hoy, pero desde luego, habría que repoblar el mundo con gente como vosotros!

